La vida en Irán en medio de la guerra y la crisis humanitaria: una visión desde dentro
La vida en Irán en medio de la guerra y la crisis humanitaria: una visión desde dentro
Para millones de iraníes, 2026 ha sido un año de grandes convulsiones y de una crisis humanitaria cada vez más grave. A las protestas y la fuerte represión de principios de año les siguieron la guerra, un alto el fuego condicional y meses de creciente inestabilidad. En septiembre, las nuevas tensiones de seguridad y el empeoramiento de la situación económica han dejado a las familias luchando por cubrir incluso sus necesidades más básicas.
Detrás de los titulares hay personas cuyas vidas se han visto cada vez más limitadas. Las familias están recortando alimentos básicos de su presupuesto. Algunos niños están trabajando para ayudar a mantener a sus familias en lugar de ir al colegio. Los informes que llegan a Transform Iran hablan de largas colas para conseguir combustible, dificultades para desplazarse y un miedo cada vez mayor a los robos, incluso al llevar la compra a casa.
La crisis no se reduce simplemente a que suban los precios. Para muchas familias, se trata de cómo sobrevivir hoy, cuando cada vez les queda menos para mantenerse mañana.
Las protestas de 2026 en Irán, la guerra y el alto el fuego
Irán empezó el año 2026 en medio de protestas generalizadas, una fuerte presión económica y una represión gubernamental cada vez más dura contra la disidencia. Los testimonios que nos llegaban desde dentro de Irán eran cada vez más espeluznantes. Nuestros contactos nos contaban que los hospitales estaban desbordados de heridos y cadáveres, que las familias buscaban desesperadamente a sus seres queridos detenidos y que, como las autoridades no daban ninguna información sobre dónde habían llevado a sus familiares desaparecidos, las familias se veían obligadas a buscar ellas mismas entre las bolsas para cadáveres. A otros les impedían celebrar funerales públicos o les exigían grandes sumas de dinero para recuperar los cuerpos de sus seres queridos. El personal médico que atendía a los manifestantes heridos fue blanco de ataques y ejecutado. Los que sobrevivieron a la detención contaron que sufrieron graves torturas físicas y psicológicas, confesiones forzadas y simulacros de ejecución. Una mujer que se vio envuelta en las protestas contó que llegó a un hospital donde no paraban de llegar manifestantes heridos y muertos, muchos tan cubiertos de sangre que no se les podía reconocer. (Para más información, consulta nuestros informes detallados y los testimonios de primera mano de principios de este año.)


En este contexto ya de por sí traumático, el 28 de febrero, Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán, lo que dio inicio a un conflicto más amplio que provocó aún más trastornos en un país que ya se encontraba sumido en una profunda incertidumbre política y económica.
Irán respondió con ataques contra Israel, bases militares estadounidenses y otros objetivos de la región. Mientras los combates continuaban, los iraníes de a pie se enfrentaban a los efectos combinados de la inseguridad, la interrupción del comercio, las sanciones y el deterioro de una economía que ya estaba pasando por dificultades.
Tras 40 días de guerra, el 8 de abril se anunció un alto el fuego condicional entre Estados Unidos e Irán.
Para mucha gente fuera de Irán, una tregua en los combates podría haber parecido una oportunidad para respirar un poco. Pero para aquellos que esperaban que el conflicto trajera cambios políticos, el alto el fuego trajo consigo otro tipo de incertidumbre.
El alto el fuego en Irán trae miedo, no alivio
El ambiente general tras el alto el fuego no era de alivio, sino de profunda ansiedad, miedo y decepción. Contrariamente a lo que podría suponerse desde fuera, mucha gente no estaba tan angustiada por la guerra en sí como por el hecho de que se hubiera detenido.
Los testimonios desde el terreno revelaron una realidad dolorosa: aunque los combates inmediatos hubieran cesado, la gente seguía temiendo lo que vendría después.
A pesar de todas las penurias, el ruido de las explosiones, los daños en las casas e incluso las lesiones personales sufridas, muchos de nosotros creíamos que esta guerra podría llevarnos finalmente a un punto de liberación y libertad. Por eso, el anuncio de un alto el fuego no fue visto como una señal de consuelo, sino más bien como la pérdida de una esperanza que había empezado a formarse en nuestros corazones.
El miedo y la represión van en aumento en Irán
Ahora temo más que nunca por nuestro futuro, porque no sabemos lo que nos espera tras este alto el fuego, y si conducirá a una represión aún más dura y oscura que antes.
En los días inmediatamente posteriores al alto el fuego de abril, nuestros contactos nos hablaron de un clima generalizado de miedo e incertidumbre. Aunque los combates se habían interrumpido, la República Islámica seguía en el poder —conocida por su dura represión, sus abusos y sus violentas medidas contra su propio pueblo— y muchos temían que las autoridades aprovecharan el alto el fuego para reorganizarse e intensificar su represión contra la disidencia.
También empezaron a circular por las calles en moto unos combatientes reclutados en Irak, Líbano y Afganistán, sembrando el miedo y la intimidación mientras gritaban consignas como «Haydar» y «Allahu Akbar». «Haydar» es una palabra árabe que significa «león» y se asocia con la valentía y la fuerza.
El ambiente siguió siendo tenso en los meses siguientes. Nuestros contactos nos contaron que las calles estaban vacías y que casi nunca se veía a la gente de a pie por ahí, que había más controles de seguridad y una fuerte presencia policial, y que las fuerzas del régimen y sus simpatizantes se notaban mucho en los espacios públicos.
Lo que más me preocupa ahora es que, una vez más, nos veamos obligados a vivir bajo la sombra del mismo régimen y en las mismas condiciones, sin que haya ningún cambio real en nuestro destino.
En septiembre surgieron nuevas preocupaciones sobre la conducta y la rendición de cuentas de la policía después de que unas imágenes de vídeo mostraran a unos agentes golpeando y humillando sexualmente a un adolescente en Tabriz. Tras la indignación pública, seis agentes fueron detenidos y posteriormente imputados. Sin embargo, el poder judicial calificó el incidente de «conducta inapropiada» y en la lista de cargos que publicó no se hacía referencia explícita a la agresión sexual. El caso pone de relieve la preocupación constante por las violaciones de los derechos humanos cometidas por las fuerzas de seguridad iraníes, incluida la violencia contra los niños, y plantea serias dudas sobre si los responsables tendrán que rendir cuentas de verdad.
El acceso a Internet sigue siendo muy limitado. El contacto con los equipos que están dentro del país sigue siendo breve, esporádico y está cargado de ansiedad. Estas restricciones también hacen que cada vez sea más difícil conocer el alcance total de lo que está pasando en todo el país.


Amplían el entrenamiento militar para incluir a los niños
El régimen islámico también está ampliando el entrenamiento militar a chicos de tan solo 12 años en el marco de su campaña «Janfada» , como parte de unos esfuerzos de movilización más amplios. Según el portavoz de la campaña, Sasan Zarei, ya ha empezado el entrenamiento para los mayores de 15 años, y hay planes de ampliar el programa a los más jóvenes. Al parecer, el entrenamiento incluye preparación para el combate, recopilación de información, manejo de drones y familiarización con armas de hombro, y empieza en Teherán antes de extenderse a otras provincias.
La República Islámica tiene un largo historial de reclutamiento de niños con fines militares. Durante la guerra entre Irán e Irak (1980-1988), se envió a más de 550 000 niños a la guerra, de los cuales al menos 36 000 murieron, según cifras del Gobierno iraní citadas por Amnistía Internacional. Más recientemente, Amnistía ha documentado casos de niños que participaban en patrullas armadas del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) y que vigilaban puestos de control, entre ellos un niño de 11 años que murió en un puesto de control en Teherán. La ampliación del entrenamiento militar vuelve a suscitar la preocupación de que otra generación de niños iraníes pueda verse arrastrada al conflicto armado.
Ejecuciones en Irán: protesta de los presos
En julio, el aumento del número de ejecuciones provocó una protesta extraordinaria dentro de la prisión de Ghezel Hesar, la más grande de Irán. Al menos 1.500 condenados a muerte se sumaron a una huelga de hambre después de que seis presos fueran trasladados a régimen de aislamiento ante la posibilidad de ser ejecutados. Varios hombres se cosieron los labios en señal de protesta.
Las imágenes tomadas desde el interior de la cárcel muestran a los presos reunidos en los pasillos con pancartas en las que piden que se ponga fin a las ejecuciones. Las organizaciones de derechos humanos han advertido de que el uso de la pena de muerte se está acelerando en todo Irán.


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Nuevas protestas y tensiones de seguridad del régimen
Las tensiones en materia de seguridad volvieron a aumentar en septiembre, sobre todo en el sureste de Irán, donde grupos civiles armados se enfrentaron con las fuerzas gubernamentales.
El 12 de septiembre, las fuerzas de seguridad iraníes y militantes baluchis se enzarzaron en un prolongado tiroteo cerca de Saravan, en la provincia de Sistán y Baluchistán. Las autoridades iraníes informaron de que tres miembros de las fuerzas de seguridad habían fallecido, mientras que una coalición de grupos armados baluchis afirmó que habían muerto nueve miembros del Gobierno.
El 23 de septiembre se reanudaron los combates, cuando Hossein Zarifi, un comandante del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI), murió durante varios horas de enfrentamientos en Saravan. El CGRI confirmó su muerte, mientras que fuentes locales informaron de que otro oficial de inteligencia había fallecido y al menos 13 miembros de las fuerzas de seguridad habían resultado heridos. Un grupo armado que se autodenomina Frente de Combatientes Populares reivindicó la autoría, aunque las cifras de víctimas siguen siendo objeto de controversia. Los informes locales también describieron una fuerte presencia militar en los alrededores del Hospital Razi de Saravan, restricciones a la libertad de movimiento y graves interrupciones en el servicio de Internet, lo que agrava la inseguridad a la que se enfrentan los civiles de la región.
Ese mismo mes, un destacado clérigo suní fue asesinado a tiros frente a su casa en Zahedan. Según las informaciones disponibles en aquel momento, aún no se había identificado a sus agresores.
Mientras tanto, las protestas y huelgas con motivo del cuarto aniversario de la muerte de Mahsa Amini pusieron de manifiesto la oposición constante a las autoridades. Los comercios de unas 20 ciudades de las zonas de mayoría kurda cerraron en señal de protesta. Antes del aniversario, al parecer las autoridades llevaron a cabo detenciones preventivas, amenazaron con precintar los negocios que se sumaran a las huelgas y restringieron el acceso a las carreteras y al cementerio de Aichi, donde está enterrada Amini. Se desplegaron numerosos controles de seguridad, policía antidisturbios y vehículos de seguridad, mientras que en algunas zonas se produjeron cortes en el acceso a Internet. La magnitud de estas medidas de seguridad sugería que a las autoridades les preocupaba la posibilidad de que se reanudaran las protestas a nivel nacional.
En septiembre también se desplegaron fuerzas de seguridad alrededor de las gasolineras y en las calles de todo Irán, al entrar en vigor la subida de los precios del combustible. Según los informes, la policía, las fuerzas Basij y unidades especiales se apostaron en numerosas ciudades, entre ellas Teherán, Mashhad, Tabriz e Isfahán. El aumento de la presencia de las fuerzas de seguridad agravó un ambiente ya de por sí tenso, en medio de la creciente presión económica y el continuo descontento popular.
Según se ha informado, un santuario en Irán fue incendiado mientras las autoridades aumentaban el despliegue del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) en torno a los lugares de culto y otras instalaciones importantes. Las instituciones religiosas se han utilizado desde hace tiempo para reforzar la autoridad de la República Islámica, mientras que hay informes que indican que algunas mezquitas y santuarios también se han usado para dar cobijo al personal de seguridad, almacenar armas y apoyar operaciones durante períodos de disturbios. Con el aumento de las presiones económicas y el agravamiento de la frustración de la población, algunos lugares asociados desde hace tiempo a la autoridad del régimen también se han convertido en objetivos de protesta y resistencia.
El 18 de septiembre, el Gobierno organizó una gran manifestación en Teherán para mostrar el apoyo de la población, mientras que las protestas y huelgas en otras partes del país ponían de manifiesto la continua oposición a sus políticas.
El Gobierno también está estudiando una ley que ha suscitado preocupación por la posibilidad de que se impongan más restricciones al contacto con el exterior. El proyecto de ley contra la infiltración ha suscitado un debate sobre su posible impacto en la comunicación con instituciones extranjeras, medios de comunicación y organizaciones internacionales. El propio Consejo de Ministros de Irán se ha opuesto al informe de una comisión parlamentaria sobre esta propuesta.
Para las familias de a pie, estos acontecimientos añaden aún más incertidumbre a un año que ya de por sí ha sido difícil.
La crisis económica de Irán: cuando ya no queda nada que recortar
Ya en abril, la situación económica iba de mal en peor, con los precios subiendo a toda velocidad y el trabajo cada vez más escaso. Muchos habían perdido su empleo. Para las familias con las que hablamos, la presión se había vuelto tan fuerte que sus preocupaciones ya no se limitaban a la seguridad y al futuro político del país, sino que se centraban en cubrir las necesidades más básicas de la vida cotidiana.
En breves llamadas telefónicas con seres queridos fuera del país, las familias describieron la presión combinada de la escasez de medicamentos, los costes de los tratamientos, la inflación, el desempleo y la inseguridad. Los bienes esenciales se han vuelto escasos o, de repente, inasequibles. Muchos medicamentos ya no están disponibles o cuestan varias veces más que antes. Para quienes padecen enfermedades crónicas, el tratamiento continuo se ha vuelto casi imposible en algunos casos.
La escasez de combustible y las largas colas en las gasolineras están complicando aún más la vida cotidiana. En Teherán, hasta repostar el coche se ha convertido en un motivo de tensión. Un contacto nos contó que el 31 de agosto vio cómo dos disputas distintas en una gasolinera acababan en violencia física, mientras la gente esperaba con ansiedad ante la escasez de combustible y la reducción de la asignación de la tarjeta de combustible a 20 litros.
Los bancos también están cerrando, lo que genera otro motivo de preocupación: si la gente podrá acceder a su propio dinero y a sus ingresos cuando los necesite. En conjunto, la incertidumbre en torno al combustible, la banca y otras necesidades básicas está haciendo que mucha gente se sienta cada vez más impotente, sin saber si seguirá teniendo acceso a lo que necesita para trabajar, desplazarse, mantener a su familia y llevar su día a día.
Los artículos que antes eran fáciles de conseguir ahora faltan o su precio está muy por encima de su alcance. Muchas familias están preocupadas por cómo cubrirán sus necesidades diarias.
En septiembre, la situación se volvió cada vez más grave. En el transcurso de un año, el dólar ha subido de unos 100 000 tomans a más de 200 000 tomans, lo que refleja una fuerte caída del valor de la moneda nacional y una mayor presión sobre las personas cuyos ingresos no han seguido el ritmo de la inflación.
Detrás de la caída del valor del tomán hay millones de vidas: un profesor al que se le acaba el sueldo mensual en cuestión de días; una madre que se ve obligada a vender su coche para cubrir los gastos de la casa; familias que eliminan la carne y los lácteos de su dieta; un empleado que renuncia a la esperanza de comprarse una casa; y pacientes que se enfrentan a la difícil elección entre medicinas y comida.
La gente empieza por recortar el ocio y los viajes, luego la ropa y las compras no esenciales, y después los restaurantes, el deporte y la formación complementaria. Pero ahora la presión económica ha llegado a tal punto que incluso la comida y las necesidades básicas están desapareciendo de los presupuestos familiares.
Una profesora de primaria que gana unos 20 millones de tomans al mes ha dicho que ahora su sueldo ni siquiera le llega para los primeros 10 días del mes. Ha explicado que algunas familias han tenido que empezar a comprar comida a plazos porque ya no podían permitirse pagar los productos básicos de una sola vez. Las familias de sus alumnos ya no pueden permitirse los gastos relacionados con el colegio ni enviar a sus hijos de excursión.
Las actividades cotidianas que antes formaban parte de la vida familiar son cada vez más difíciles de mantener. La crisis económica no solo está afectando a los hogares más pobres. Para muchos, cada vez queda menos de lo que recortar. Sus vidas se están reduciendo en todos los sentidos para hacer frente a una sola preocupación —«llenarnos el estómago»— lo que está mermando su calidad de vida y su futuro.


Robos de comida en Irán
Otra tendencia es el robo de alimentos básicos.
Una anciana fue atropellada por unos tipos en moto que le robaron la carne que acababa de comprar. Según otras fuentes, algunos compradores que aún pueden permitirse comprar carne la esconden en diferentes bolsas para reducir el riesgo de que les roben de camino a casa. Al parecer, los artículos que están robando no son lujos, sino productos básicos como la carne y los lácteos.
La crisis económica de Irán está impidiendo que los niños vayan al colegio
Las consecuencias de las dificultades económicas se notan hasta en el aula.
Las autoridades educativas de la provincia de Azerbaiyán Occidental han informado de que 17 848 niños y jóvenes no han asistido al colegio. De ellos, se ha señalado que 4 634 trabajan para ayudar a cubrir los gastos de sus familias, mientras que la pobreza se ha identificado como la razón por la que otros 2 701 no asisten al colegio. Otras razones eran vivir demasiado lejos del colegio y los matrimonios precoces, dos factores que pueden impedir que los niños sigan con su educación.
Para los niños cuyos hogares tienen dificultades para pagar la comida, el transporte y los gastos escolares, la educación puede acabar siendo otra de las víctimas de la crisis económica. A algunos les obligan a trabajar para ayudar a sus familias. Otros se enfrentan a obstáculos prácticos para ir al colegio, sobre todo en zonas donde el transporte y las instalaciones educativas son limitados.
La pérdida va más allá de las clases perdidas. Cuando los niños dejan los estudios para ayudar a sus familias a salir adelante, sus oportunidades de futuro también pueden verse mermadas.


Las familias iraníes luchan por sobrevivir
En septiembre, algunas familias contaban que sobrevivían con tan solo una comida básica al día, que a menudo consistía en sopa aguada, pan, patatas o arroz. La vida cotidiana se ha reducido a cubrir las necesidades más básicas para sobrevivir. La carne y los productos lácteos se habían vuelto inasequibles para muchos hogares. A medida que la crisis económica se agravaba, algunos iraníes se enfrentaban a decisiones aún más desesperadas.
Quizá uno de los signos visibles más inquietantes de esa desesperación sea que haya gente que anuncie la venta de sus propios riñones. Se pueden ver anuncios en los que figuran detalles como el grupo sanguíneo del vendedor y su información de contacto. Incluso nos ha llegado una foto de un hombre que va por la calle con un cartel escrito a mano en el que ofrece su propio riñón.


La venta de riñones es legal en Irán, dentro de un sistema regulado, y no es en sí misma un fenómeno nuevo. Pero ante la crisis económica cada vez más grave que se vive hoy en día, estos anuncios ofrecen una imagen devastadora de las decisiones desesperadas a las que se enfrentan algunos iraníes mientras luchan contra las deudas y las dificultades económicas.
Para las familias que viven bajo estas presiones, la cuestión ya no es simplemente cómo será el futuro político de Irán. Es cómo van a salir adelante al día siguiente.
Ayuda a una familia iraní a tener algo más que lo justo para sobrevivir este invierno
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Aferrarse a la fe en días inciertos
Pero la historia aún no ha terminado. Seguimos rezando y confiando en que el Señor obtendrá Su victoria y que la historia de Irán reflejará finalmente la gloria de Dios.
En momentos como este, es más importante que nunca mantener la mirada fija en Jesús. Nuestra fe —nuestra esperanza— no está en ningún régimen, líder ni poder terrenal. Nuestra fe está solo en Jesucristo. La Iglesia en Irán lo tiene muy claro. En medio de las dificultades del día a día, nos llegan historias de esperanza, fe y valentía. La Iglesia está viva y coleando, los que no conocen a Dios están escuchando el Evangelio y los nuevos creyentes están recibiendo formación.
Por muy caótica que parezca la situación, Dios es fiel, soberano y tiene todo bajo control. Tiene planes para que Irán prospere y no para hacerle daño, para dar a los iraníes esperanza y un futuro. Rezamos para que se haga tu voluntad en la tierra —y en Irán— como en el cielo. Y rezamos con agradecimiento, confiando en la paz de Dios que supera todo entendimiento.
“No os afanéis por nada, sino presentad a Dios vuestras peticiones en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús. .” Filipenses 4:6-7
Reza por Irán y apoya a las familias en situación de crisis
El pueblo de Irán necesita tus oraciones y tu apoyo.
En esta época de conflictos prolongados, incertidumbre creciente y presiones económicas cada vez más intensas, la oración sigue siendo una forma esencial de apoyar a quienes viven a diario con miedo, pérdida e inestabilidad. Reza para que los millones de iraníes que hoy han perdido la esperanza escuchen el Evangelio y anclen su esperanza en el Único que nunca les decepcionará.
Reza por las familias que tienen dificultades para conseguir comida, medicinas y otros productos básicos. Reza por los niños cuya educación se ve afectada por la pobreza, y por aquellos que viven con miedo e incertidumbre en medio de las continuas tensiones de seguridad.
Por favor, reza también por nuestros equipos de ministerio, ya que seguimos trabajando en circunstancias difíciles y cambiantes.
Además, tu apoyo práctico puede ayudar a nuestros equipos sobre el terreno a responder en tiempo real. Actualmente estamos trabajando para ofrecer ayuda humanitaria, asesoramiento en casos de trauma y formación a evangelistas y misioneros para que presten servicio a comunidades de todo el país, llevando atención, esperanza y apoyo espiritual allí donde más se necesita.
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